Arrojó las cartas al fuego y reescribió sus pensamientos en forma de lista de pendientes. Cerró el pequeño libro de notas, luego de repasar sus anotaciones:
1. Comprar pan para la cena y leche para el gato.
2. Visitar a la abuela enferma
3. Sacarle los ojos a Clarisa.
Miró su reloj, comprendió que la despensa había cerrado y que tenía que esperar a su regreso para la compra del pan y la leche. Ni habría cena y el gato debería dormir con hambre. Preparó sus maletas para ir a V… doscientos kilómetros al sur, rogando que la abuela fuera sabia y que no decidiera partir sin despedirse de él.
Tomó su sobretodo y revisó su bolsillo, buscando sus llaves, salió a toda prisa y sin percatarse aplastó uno de los ojos chorreantes con sangre de Clarisa, quien aún se encontraba inconsciente en el piso de la sala.
Se molestó consigo mismo, tendría que limpiarse los zapatos en la hierba del jardín. Cerró con brusquedad la puerta dejando apagadas todas las luces de la casa. Total, la única inquilina ya no podía ver.
Keb Akabal®.
Pangán, 25 de enero 2014.