domingo, 26 de octubre de 2014

El primer amor

Tomemos un café - me dijo - y se sentó apresurada, confiada en que aceptaría su invitación.

Sonreí y me senté. No le debía deferencia alguna pero pudieron sobre mí la urbanidad y modales  de la vida.


Él es mi marido - afirmó - Desde hace quince años lo es. Soy su única esposa, madre de sus dos hijos  y a pesar de que ya no vivamos juntos, él será por siempre parte de mi historia. 


Detuve la taza en mis labios, para que  ella prolongara su discurso y la escuche detenidamente. Ella narró la amistad que surgió entre ellos hace diecisiete años y cómo maduró hasta un matrimonio de diez. Lloró sus infidelidades y reconoció los momentos, alegres y duros, vividos a su lado.


El café que bebí aquel día me duró toda una vida.  Y finalmente me confrontó, justo cuando mis labios consumían el sorbo final de esa bebida cuasi eterna.


¿Puedes acaso superar mi historia? 


Por supuesto que no - le dije - Lo que tú y él vivieron les pertenece solamente a ustedes dos.


Y entonces - ¿Porqué tu recuerdo se interpone entre él y yo? - me preguntó con un dejo de amargura.


No lo sé - le respondí - Yo tengo veinte años de no hablarle y quince de no verlo. Quizás mi nombre pesa en su memoria porque simplemente fui el primer amor en su vida.


La cuenta llegó, me levanté para pagarla y así me despedí de su señora.



Keb Akabal
®. 
Pangán, 26 de octubre de 2014.