El destello de sus ojos que me observaron primero inquietaron mi alma, pero luego me llenaron de fresca ilusión. Mi propia mirada lo busco con insistencia y me rendí ante su porte de caballero en las noches que la diosa Hera nos convocó.
Aquel día en que fuera ungido tercero y señor de los sueños del Fénix han quedado atrás. No pudo distinguir la señal de los tiempos. El atardecer en las arenas de aquel océano en calma nos cobijaron rodeados de estrellas y mar y el Sol y él me iluminaron.
Asistí gozoso aquel viaje en carruaje de azul y noche. Partimos luego por distintos caminos, así como ordena la tradición. De vez en cuando nos vemos en la lejanía.
La noche ha caído entre los dos, las rosas blancas cubren el camino que conduce al sagrado camposanto de la Concordia y la Paz.
Keb Akabal®.
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